Tenemos un don

Absolutamente todos los trastornos psicológicos tienen un componente en común. Ese componente común es: incapacidad para inhibir conductas no deseadas. Es decir, todas las personas con algún trastorno psicológico, luchan contra sí mismos para dejar de emitir conductas que no desean.

¿Cómo puede ser que no la deseen y aun así la lleven a cabo? Esta pregunta se ha tratado de responder a lo largo de toda la corta vida de la psicología. Algunos hablaban de impulsos del subconsciente, de recuerdos reprimidos que de vez en cuando saltaban del preconsciente (nivel intermedio entre subconsciente y consciente) al consciente. A modo de asaltador, te venía un pensamiento o una idea desde el subconsciente y te poseía. Otros lo han explicado como una pura cuestión de supervivencia. Según éstos, todas esas conductas forman parte de nuestro repertorio comportamental porque un día tuvieron un gran valor adaptativo. Es decir, porque ayudaban a sobrevivir.

La ansiedad, por ejemplo, sería una de las emociones que en el pasado, según éstos, mayor valor tenía. Porque te ayudaba a librarte de los depredadores. Muchos de los que defienden esta idea creen que los humanos tenemos un cerebro de tres capas que han bautizado como cerebro triuno. El núcleo sería el cerebro reptiliano, la capa intermedia sería el cerebro límbico, y la capa más superficial el Neocórtex. El Neocórtex sería el encargado de inhibir conductas que no resultan beneficiosas a medio-largo plazo, y también de establecer objetivos valiosos que sean coherentes con nuestros valores. En algunas cosas creo que están equivocados y en otras, acertados. Ahora solo expongo las distintas teorías al respecto.

Hay un trastorno sobre el que he leído más ultimamente, que es uno de los que más (si no el que más) rapta tu verdadera voluntad. Es el trastorno límite de la personalidad. La persona se siente totalmente presa de una seria de impulsos y condicionamientos, y salir de ahí le resulta extremadamente difícil por la extrema intensidad de la negatividad que lo posee. Cualquier día de la vida de una persona con este trastorno, escapa a nuestro entendimiento, el sufrimiento que puede llegar a vivir. Estas personas, como todas, tienen objetivos en sus vidas, y sienten como el trastorno las aleja continuamente de ellos. Así que lo último que necesitan es que les señalemos todo eso que está mal en ellos. Y no solo las personas con TLP, sino cualquier persona. Todos libramos nuestra ardua batalla y todos queremos ser felices. No olvidemos eso.

De hecho en eso me quiero centrar en este post. En dejar claro que lo peor que podemos hacer con las personas que sufren algún tipo de trastorno, es enfadarnos con ellas o culparles cuando emiten conductas que no nos gustan. Porque posiblemente ellos mismos las detestan tanto como nosotros o más. Solo que se sienten impotentes, ya que están raptados por su propia mente y son víctimas de sí mismos. Pensando en ello recordé una frase que dice: <<Probablemente los que menos »se merecen» nuestro amor (bajo nuestro punto de vista), son los que más lo necesitan>>.

Que esta reflexión nos ayude a ser más pacientes con nosotros mismos y también con los demás. Tenemos el don de poder elegir ayudar a otros. Usemos ese don.

En próximos posts trataré de responder a una pregunta que queda abierta en este post: ¿Cómo conseguimos que el Neocórtex prevalezca sobre los impulsos, a menudo autodestructivos o perjudiciales a largo plazo, que vienen de las capas más internas?


Este blog fue cedido por nuestro colaborador el graduado en Psicología

Rubén Vázquez Espada

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